Breverismos

Sí, he usado un acrónimo que me he sacado de la manga para titular esta entrada porque pretendo usarlo más veces en el futuro. Y me gusta la mezcla entre aforismo y brevería, dos vocablos bastante literarios. Estos breverismos primeros, como no podría ser de otra forma, tendrán algo que ver con la Semana Santa.

  • He vuelto a correr. Después de bastantes meses. Lo sé, soy un cobarde; el frío y la lluvia, antes, no me importaban para hacer deporte. Ahora, con la edad (sí, es una forma eufemística para no decir la pereza), prefiero los días de sol. Y sí, las agujetas del día siguiente han sido de cine.

 

  •  ¿He dicho ya alguna vez que me encantó la película “El gran showman”? La banda sonora es potente, de las que animan. Solo un consejo: si lo flipas tanto como yo, no la uses para correr. Dan muchas ganas, con ella sonándote en los oídos, de esprintar continuamente. Si estás en forma es perfecto, pero si estás hecho polvo, igual que yo, no es nada adecuado.

This is the greatest show

 

  • Llevo dos semanas sin entrar en redes sociales, salvo Instagram. Mi ánimo y mi tiempo me lo han agradecido mucho. He retomado un libro infantil al que llevo casi un par de años dándole vueltas en la cabeza y que ahora avanza poco a poco, pero con paso firme. Por supuesto, mi musa personal, Verónica, también tiene mucho que ver en esto.
    También estoy leyendo más de lo que lo hacía. Está claro que no hay color, aunque ya lo sabía, pero soy idiota, sí.

 

Enganchados a las redes sociales

  • Lo de volver a las redes sociales es algo que he pensado bastante. ¿Cómo hacerlo? ¿Dejo de seguir a la gente que tiene opiniones contrarias a las mías? Me quedaría solo con un par de personas o tres. ¿Empiezo a seguir a más gente con mis mismas ideas? Tal vez sea excesivo y aburrido. ¿Lo mejor? Dejar de leerlo TODO. Dedicarles solo un rato al día y no entrar en debates. Mis opiniones las expresaré en mis propias redes. Nada de discusiones. Se acabó.

 

  • Hay algo que me hace darle muchas vueltas a la cabeza: ¿por qué la misma gente que se empeña en visibilizar y jactarse de con quién se acuestan, que siempre he pensado que es algo personal e íntimo y que no le debería importar a nadie, es la misma que se empecina en que yo tengo que vivir mi fe de forma privada y oculta? Si lo suyo es una forma de vida, lo mío también.Antonio Corradini y sus velos

 

  • Cualquier ateo, en el momento en que acepta una mínima expresión artística, indirectamente, está aceptando a Dios. Eso, o admitimos que los garabatos de la mona Chita son igual de artísticos que las esculturas en mármol de Antonio Corradini o las pinturas de Dalí.El arte de Chita

 

  • Una cosita: los “muñecos” que los critianos sacamos a la calle en Semana Santa representan exactamente lo mismo que ese trozo de papel satinado que llevas tú en la cartera con la cara de una señora mayor.

 

  • Otra cosita, mínima: para un cristiano, el día más importante de la Semana Santa, es el Domingo de Resurrección, no la Madrugá.

 

  • ¿Qué nos está pasando con el humor?El gran Quino delimitando los límites del humor¿Nos estamos sintiendo ofendidos por cosas que antes no nos ofendían o de las que, simplemente, pasábamos? ¿Hay gente que está escudándose en el humor para insultar, humillar o dar rienda suelta a sus odios y traumas? ¿Dónde trazamos la línea? ¿Estamos dando demasiado altavoz a gente con escasa capacidad artística y excesiva necesidad de protagonismo?

 

  • Es conveniente que no confundas mi tolerancia con mi transigencia. Que acepte tu opinión no significa que te dé la razón.

 

Estas son las cosas tal y como yo las veo. No tienes por qué compartirlas. Groucho Marx decía: “estos son mis principios. Si no le gustan, tengo otros”. Por supuesto, era humor. Yo diría: “estos son mis principios. Si no te gustan, búscate los tuyos”.

¡¡Por favor, la pelota!!

Una pelota abandonada... a primera vista

Hace más o menos ocho años que dejé de ir andando a todas partes: me compré un coche.

He ganado en comodidad, en tiempo, en independencia, en movilidad…, sí. Pero he perdido otras cosas que tenía cuando recorría Sevilla de punta a punta sobre mis propios zapatos. Ahora medito menos, escribo menos, observo menos, me cabreo más…

Desde el coche ves a la gente caminando, con los cascos puestos, mirando el móvil, sin prestar atención a su alrededor, y piensas: “esta sociedad está viviendo en una burbuja individualista en la que nadie mira a nadie a la cara”… y lo dices tú, que vas metido en tu burbuja con ruedas, las ventanillas cerradas, el climatizador a la temperatura perfecta, oyendo tu música…

Hace poco tuve que salir, sin coche (estaba haciéndole una revisión rutinaria), y decidí que, lo mismo, era buena idea volver a las buenas costumbres: salir sin música, con las orejas abiertas, a andar, tranquilamente (sí, iba a recoger el coche, pero podría haber ido en autobús).

Atravesé el parque Amate, mi parque, mirando cada árbol, oyendo los sonidos de los pájaros, los pasos acompasados de la gente que corría, las máquinas de los encargados de los jardines que recogían las ramas  rotas de los últimos días de aire y lluvia, las conversaciones relajadas de la gente con la que me cruzaba en el camino… Me acordé de mi amiga Marta G. Navarro, que va andando a todas partes, como yo antes, y que tantas fotos hace en este parque (y para la que, por cierto, desde Navidad, tengo una tontería que aún no le he dado. Y sí, reconozco que esto es, además, una pequeña trampa para ver si me lee o si alguien que me lea se lo chiva)…

Antes de salir del parque, en una de sus esquinas, hay un colegio. En el momento en el que pasaba por allí parece que era la hora del recreo, y podía oír, detrás del alto muro del patio, los gritos¿Qué mejor lugar que hacer amigos que el recreo? de un montón de niños en desorden, mezclándose entre sí. Pero me llamó la atención un sonido relativamente ordenado y rítmico de entre toda la algarabía. Conforme iba acercándome a aquella tapia de ladrillo, se hacía más alto e insistente. A un par de metros de la valla, delante de mí, pude ver una pelota de gomaespuma verde con algo escrito a rotulador: 3º A, y entendí, por fin, qué decían aquellas voces al unísono: “¡¡por favor, la pelota!! ¡¡Por favor, la pelota!! ¡¡Por favor, la pelota!!…” Me acerqué, la recogí y la lancé por encima, al otro lado.

Por un momento pude imaginar, a través de los ladrillos, un montón de manitas alzándose al aire para atrapar aquella pelota que se les había escapado, tan lejos y tan cerca… Escuché varios “¡¡bien!!” mientras veía la pelota caer, pero al cabo de unos segundos, de nuevo, volvió la uniformidad y oí un claro “¡¡gracias!!” de un montón de pequeñas gargantas perfectamente sincronizadas. Y salí del parque, sonriente.

¿Y adónde quiero llegar? Pues a que si hubiese llevado puestos mis auriculares, con mi música, no habría podido oír ese “¡por favor, la pelota!” ni el más sincero “¡gracias!” que haya oído en mucho tiempo. Que a veces nos perdemos momentos mágicos por estar tan metidos en nosotros mismos. Que si saliéramos más de nuestros móviles, nuestras redes sociales, o sea, nuestra burbuja de realidad edulcorada y plastificada, tal vez nos miraríamos más a la cara y nos cabrearíamos menos con el mundo…

No sé, es algo que me ha dado por pensar después de ese “¡¡gracias!!” infantil tan maravilloso.

Pasando por lo alto

Como llevo una semana sin entrar en las redes sociales, voy enterándome de las noticias por la radio, mientras voy al trabajo por la mañana. ¡Y oye, que muy bien, ¿eh?!

También me entero de algunas otras cosas por los compañeros del curro. Hablaré de algunas que me han dado qué pensar así, como dice el título de la entrada, “pasando un poco por lo alto”, sin entrar en muchas disquisiciones (que no me apetecen nada ahora mismo, aunque cualquiera de estas cosas daría para una entrada individual).

 

La adolescente y la viga.La chica y la viga Ya es una historia conocida: adolescente se sube a una azotea para hacerse foto colgada de una viga, adolescente se pone nerviosa y es incapaz de salir de ahí, bomberos tienen que ir a rescatarla… Hasta ahí, una chiquillada, una ida de pinza que, mirando las fotos, realmente tampoco era tan peligrosa a menos que allí soplara un viento de 120 kilómetros por hora.

Lo que me ha llamado la atención de todo esto es la cantidad de personas que se han apresurado a poner verde a la pobre chavala, llamándola de todo. Y me llama la atención porque parece que esas personas nunca han sido adolescentes. Ninguno ha hecho travesuras peligrosas. Todos han sido ciudadanos modélicos y responsables toda la vida.

Esa chavala tendrá suficiente con lo que le habrán dicho sus padres. No creo que necesite que miles de personas, que ni siquiera la conocen, la abronquen, la humillen, la insulten… En serio. ¿Y si dejamos de querer ser los padres de todo el mundo y nos preocupamos de no hacer el imbécil nosotros mismos?

 

Willy Toledo

Willy Toledo. Los tribunales la tienen tomada con él, está claro. De repente se ha cagado en Dios y en la Virgen, el pobre. ¿Qué opino? Pues que siempre consigue lo que quiere: atención mediática. Y eso, en España, es muy fácil, porque los que podríamos ofendernos con estas cosas somos muy torpes. Porque les seguimos el juego. Porque echamos espumarajos por la boca cuando alguna persona con necesidad de atención hace estas cosas de niño pequeño con berrinche, que es lo que quieren. Ya lo dice la sabiduría popular: “no hay mejor desprecio que no hacer aprecio”. No sé en qué contexto diría esos exabruptos, pero él sabe perfectamente qué tiene que decir para que le echen cuenta, y lo hace. Porque, admitámoslo, no es más que eso: una pataleta de niño malcriado y caprichoso que quiere ser el centro de atención de los padres.

 

Una de redes. Manipula que algo queda

Qué fácil es crear un tuít falso y colgarlo en las redes, ¿verdad? En cinco minutos o menos tienes montada una noticia falsa o una declaración inventada. La sueltas en el proceloso mar de internet y, mientras que una persona busca si es verdad dicha información, un millón ya se han tragado la mentira y la están difundiendo por todas partes, casi al instante. Y la persona o el medio atacados no tendrán posibilidad alguna de borrar esa calumnia al cien por cien JAMÁS.

 

Stephen Hawking. El gran divulgador científico, llevándole la contraria a todos sus médicos, murió a la edad de 76 años. Fue un ejemplo de superación, de buen humor, de trabajo… para mucha gente. Decía no creer en Dios, pero trabajó en la Pontificia Academia de las Ciencias, donde resaltan “la enorme contribución científica que ha dado a la cosmología cuántica” y su fidelidad a la academia, en palabras de sus máximos responsables. Supongo que, ahora mismo, el bueno de Stephen estará comprobando de primera mano todas esas cosas que quiso desentrañar en vida; ha dado, por fin, con esa fórmula científica que lo explica todo. D.E.P.

Stephen Hawking y Pablo VI

Desconexión

Cortando por lo sano

Mira que llevo tiempo sin escribir por aquí y vuelvo a hacerlo para decir que paso. Que ya vale. He decidido desconectarme de las redes sociales. No abandonarlas, porque volveré a ellas…, en algún momento, pero no por ahora.

Entras y solo hay odio, insultos, idiotas creyéndose listos, y listos haciendo el idiota, gente deseándole el mal a otro ser humano simplemente por no opinar igual, otros con la piel tan fina que hasta el roce de una pluma les hiere, imbéciles sin criterio y criterios imbéciles, robots repitiendo las consignas del gurú de turno…

Y sí, podría no leer todo lo que hay, pero soy curioso por naturaleza, y mis defectos, muchas veces, vencen a mis pocas virtudes.

Y sí, podría bloquear a gente a la que me incomoda leer por su agresividad, por su falta de respeto, por su escasa empatía…, pero eso lo hago desde hace mucho, y sigo leyendo demasiado de todo eso.

Así que cortaré por lo sano: nada de redes sociales; tal vez salve Instagram, porque ahí, aún, se respira bien, y porque sigo a poca gente; nada de malos rollos… de momento. Sé que a nadie le va a importar esto, pero quería dejarlo por escrito en mi web, porque es mía y porque aquí digo lo que me da la gana.

Aprovecharé mejor mi tiempo y dejaré de estar cargado con tanta negatividad y odio, que es lo que se respira desde hace tiempo en internet. Y tengo mis propias teorías sobre esto, pero me las guardo, porque sé que producirían más de eso de lo que quiero huir.

No le sale rentable a mi estado de ánimo el ver, cada día, cómo nos hemos cargado la sociedad, cómo nos estamos degradando como personas, cómo, de repente, empezamos a descuartizarnos nosotros mismos… y también tengo mis teorías sobre eso.

Leer, escribir, tocar la guitarra, componer… Mi mente y mi ánimo me agradecerán volver a ello.

Así que aquí y ahora corto la comunicación. Hasta más ver.