Cerrar el círculo… por ahora (I, )

Frente al Pabellón Atlántico (1-4-2005). Mi rutina antes de los conciertos

Corría el 30 de marzo de 2005 y me disponía a hacer una escapada en solitario a Lisboa para ver, por primera vez, al músico que me ha estado acompañando durante los últimos 35 años, poniéndole banda sonora a mi vida.

Ahora mismo ya solo recuerdo cosas sueltas de aquel viaje, flashes, sensaciones. El encontrarme con lo que bauticé desde aquel entonces como el cielo azul más parecido al cielo azul de Sevilla… pero, sobre todo, Mark Knopfler.

Recuerdo esperarle a primera hora de la tarde del día 1 de abril, a la entrada de los aparcamientos del Pabellón Atlántico, donde se iba a celebrar el concierto, y ver acercarse de lejos un par de Mercedes negros que pasaron ante mí, camino de los aparcamientos subterráneos del pabellón. Vi a los coches detenerse en la entrada, allá abajo, al final de la rampa; Guy Fletcher, mano derecha de Mark desde los últimos tiempos de los Dire Straits, se bajó del primero de ellos y miró hacia arriba, donde estaba yo, petrificado. Le saludé con la mano y él me respondió igual, sonriendo. Al instante, por la puerta contraria del coche, se bajó Mark y miró también hacia donde estaba yo, saludó, cogió del maletero una funda de guitarra y entraron hacia el interior del pabellón, a las pruebas de sonido.

Momento Donegan’s Gone.

El estar subido a la acera cuando pasaban sus coches de camino al pabellón ha sido lo más cerca, fuera de un escenario, que he estado nunca de él. Pero había mirado hacia donde yo estaba y había sonreído; y eso me bastaba. Era como si pudiese pensar: «bueno, Mark ya sabe que existo», y con eso me conformaba, siendo consciente de lo complicado que tendría siempre poder acercarme más a él, siquiera para pedirle un autógrafo.

Recuerdo que llevaba unas camisetas con un logo (un logo propio, de algo nuestro) que un amigo y yo habíamos diseñado en el instituto con la intención de regalarle una a Mark y otra a Guy. Por supuesto, las camisetas aún las conservo, nuevas, perfectamente dobladas, en un cajón de mi habitación.

Song For Sony Liston
Telegragh Road

No recuerdo nada de aquel concierto, pero sí mi estado de nervios, mi tensión previos; y mis lágrimas al verle salir al escenario, el tener la sensación de estar en un lugar en el que el tiempo se había detenido… Y ahora, viendo las fotos que conseguí mal-sacar de aquello, descubro que en aquella gira Mark empezaba los conciertos con «Why Aye Man», usaba gafas, y también tocaba «Money For Nothing», como en esta última gira.

Brothers In Arms

Al final del concierto la sensación fue la de no haber estado allí, la de haberlo simplemente soñado; el tiempo se había detenido cuando Mark Knopfler pisaba el escenario y se había reiniciado justo cuando yo salía a la calle, después de todo. Y esa sensación se ha repetido en todos y cada uno de los conciertos a los que, después, he tenido la suerte de asistir.

…y de repente anuncia que esta será su última gira, y me pilla con una entrada para verle en Córdoba, comprada desde el año pasado, y decido que, al menos, tengo que verlo una vez más. Y averiguo que tengo la posibilidad de cerrar el círculo que Mark Knopfler y yo tenemos en este sentido…, pero lo termino de contar en una próxima entrada, porque no quiero que esta sea inmensa; porque podría escribir mucho sobre el maestro Knopfler y yo; porque ya he escrito mucho y muchas veces, y nunca me canso. Por eso y más cosas, cierro el círculo, este círculo, en una entrada distinta. La próxima.