Chelo

chelo

No existen, nunca existen, palabras cuando alguien se marcha.

Queda ese dolor seco, ese hueco roto, esa sombra que quiere cubrirlo todo. Y la pregunta siempre es por qué. ¿Por qué ahora? ¿Por qué de tal manera? ¿Por qué? Y nosotros, simples criaturas de barro, sentimos que algo dentro se resquebraja, se agrieta, se parte. Y nos ponemos frente a Dios y le gritamos, y le exigimos explicaciones, y le pedimos cuentas. Y algo dentro nos susurra que Él nunca nos ha pedido agradecimiento por cada día regalado, por cada alegría, por cada sonrisa que nos ilumina la vida.

chelo2Y entonces le pedimos lañas, lañas, Señor para este corazón resquebrajado, para este alma rota. Lañas que nos ayuden a seguir enteros aunque sea con cicatrices.

Y entonces hay una brisa que te acaricia, un beso leve que te dice al oído que, a partir de hoy, ya tienes otro aliado en el Cielo. Otros ojos que te estarán velando con más amor del que aquí abajo somos capaces, porque el amor del Cielo no tiene los límites físicos de nuestra existencia ni nuestra débil carne.

Dios escribe derecho con renglones torcidos.

Él sabe. Él conoce. Él nos indica cómo. El por qué, ahora, Chelo lo conoce. Nosotros lo conoceremos en su momento.

D.E.P.