Correcciones

Soy un obseso de la ortografía. No es que no cometa errores ortográficos ni tenga dudas, es que me molestan cuando las cometo y me doy cuenta tarde.

A menudo me distraigo releyendo entradas antiguas de esta página, y, si descubro alguna incorrección, inmediatamente tengo que subsanarla.

No soy académico de la lengua ni creo que llegue a serlo nunca, pero hace tiempo que me gusta mi idioma y que me gusta usarlo todo lo correctamente que me es posible. Por eso reconozco que, a veces, puedo llegar a darle mucha importancia a la ortografía.

No soporto, por ejemplo, entrar en un chat y ver cómo escribe la gente ahora, como si no le importase nada la forma en que lo hace; como si no hubiesen leído un libro en la vida (cosa que, por desgracia, es cada vez más común). La excusa de la velocidad es algo que me repatea sobre todas las cosas. Es como si nos hubiésemos acostumbrado tanto a la inmediatez, que ya no nos importe nada más. Todo debe ser rápido, urgente, dinámico… y en esa tesitura, la corrección no tiene cabida.

…y esa rapidez nos está robando muchísimas cosas, sensaciones, experiencias, momentos… la vida, en definitiva. Yo, por mi parte, sigo corrigiendo eternamente mis textos, qué le vamos a hacer.