¡¡¡Han vuelto!!!

Musa durmiendo
JEAN PIERRE ALAUX. Musa

Llevo mucho tiempo quejándome de que las musas, mis musas, me habían abandonado. Se habían ido de vacaciones y no se habían dignado a visitarme en todo este tiempo. Ni una señal, ni un leve susurro, nada. Silencio absoluto.

Años tratando de escribir cosas sin ni una buena idea. Tirando de “oficio” (o sea, de decir: ‘voy a escribir lo que sea por ver si me desoxido‘). Hasta esta noche.

De repente me encuentro soñando retazos de una historia. Imágenes, escenas, ideas, paisajes, circunstancias, de un cuento. Un cuento de los que me gustan: con misterio, muebles que hablan, cuevas que se enfadan, lugares mágicos, mares embravecidos que tratan de tragarse a la tierra, niños tratando de arreglarlo todo…

Mi despertador sonaba a las 7’30 de la mañana, pero a las 7 ya estaba en ese estado de ensoñación en el que sabes que estás despierto pero aún no has salido del todo de los brazos de Morfeo…, y puedes controlarlo. Necesitaba tiempo para que las escenas se quedasen grabadas en mi cerebro antes de que el día, la realidad, me las arrebatasen para no devolvérmelas.

7’30. Sonaba el despertador y lo apagaba con los ojos cerrados, encogido bajo las sábanas. Necesitaba más tiempo; un poco más para grabarlo todo en la memoria. Quince minutos más tarde sonaba de nuevo, pero ya lo había conseguido. Lo tenía todo aprisionado en algún sitio de mi cerebro, bien resguardado.

Musas
Las 9 musas de la mitología

Temía que la ducha, el camino al trabajo y la rutina diaria me fuesen diluyendo con el tiempo todas las imágenes que había conseguido retener. Antes de salir de casa cogí una libreta. Me subí al coche y quité la radio. Nada de actualidad, ni de noticias matinales, ni de música. Nada de realidad. Conducía como en una nube, absorto en mi sueño, recreando paisajes y sensaciones.

En un semáforo, fuera, oí a alguien en bici silbar un par de notas. Cogí el móvil y las repetí para grabarlas. Al instante surgieron un par de versos para una canción:

Canción de sueño
Versos de una canción

Hay una voz allá en el mar,
donde las olas rugen…

Necesitaba recordar esos versos, así que los canté también en el grabador de voz del móvil.

Al llegar al trabajo seguía como ensimismado. Mascando cada emoción, cada color, cada escena de mi sueño. Cogí la libreta y me dispuse a trasladar al papel ideas sueltas, frases, imágenes… Tenía que sacar afuera todo aquello para que no muriese de realidad en mi rutina. Dos horas me costó hacerlo, pero conforme el papel iba recogiendo las palabras y los garabatos que se iban desprendiendo de mi cerebro y posándose sobre él, iba volviendo a la realidad. Mi compañera me preguntaba si me pasaba algo porque me veía muy callado y absorto. Le contesté escuetamente que necesitaba escribir algo. Al final lo conseguí.

Escribiendo un sueño
Plasmando un sueño en papel

Hubiera sido perfecto saber dibujar. Con unos cuantos trazos habría conseguido estrujar algo más algún detalle de lo que viví anoche en ese otro mundo en el que, a veces, se te dictan cosas maravillosas. Pero tengo mis notas, mis recuerdos… y esa cancioncilla que me resuena como un eco lejano en la cabeza, todavía:

Hay una voz allá en el mar
donde las olas rugen…

En cuanto ordene todo, me pondré a darle vida.

Bienvenidas, musas.