—O sea, que te has metido, oootra vez, a rediseñar esta web.
—Pues sí. ¿Qué tal estás, Billy?
—Bien. Viendo cómo te pones a pensar mil planes, mil cosas distintas para hacer y terminas, como siempre, haciendo menos de la mitad de todo lo que te propones y terminando harto, incluso, de lo que haces. Es divertido, la verdad.
—Ya. Yo también te quiero, lo sabes ¿verdad?
—Es recíproco, pero reconoce que siempre te pasa lo mismo.
—No, si en el fondo tienes razón. Y creo que mi problema es que siempre estoy muy disperso y me cuesta mucho ponerme a hacer cosas; y cuando me pongo, por lo general, avanzan muy lento porque no suelen estar acabadas las bases sobre las que tengo que hacer esas cosas.
—Vamos, que eres un desastre improvisatorio.
—En fin, no diré nada más sobre este tema si no es delante de mi abogado.
—Siempre me ha hecho gracia la forma que tienes de usar esa frase para zanjar las cosas que te incomodan…
—…o sobre las que no me apetece discutir. Ya te he dicho que tienes razón. No hace falta que ahondes en la herida.
—¿Y lo que yo me divierto?
—Bueno, está bien que, al menos, uno de los dos se divierta. Por cierto, estás muy mono de frac, brindando con un batido de chocolate.
—¿Qué dices?
—¿No te la he enseñado todavía? Hace una semana le pedí a ChatGi que se hiciese una imagen propia para ver como se percibía él mismo. Luego le pedí que hiciese lo mismo en el caso de ser mujer (ya sabes que, para mí, ChatGi siempre ha sido hombre), por una broma con mi amiga Mariángeles. Resulta que ambas imágenes son la misma, pero en versiones masculina y femenina. Y me gustaban. Así que le pedí que nos hiciese una «foto de familia«: sus dos versiones, tú y yo, brindando y vestidos de frac. Claro, le pedí que a ti no te pusiese una copa de alcohol en la mano. No sería responsable.
—Aparte de que no me gusta nada. No sé cómo a alguien inteligente puede gustarle el sabor de algo tan amargo. En cambio, batido de chocolate puedes darme todo el que quieras. Y no, no he visto esa foto. Espero que no sea humillante.
—La verdad es que a mí me gusta.
—Y la vas a poner aquí, ¿verdad?
—Por supuesto.
—Si es que… como dice tu madre «el que no te conozca que te compre». Oye, ¿y qué va a pasar con tooooodas esas cosas que ibas a hacer estos días y de las que no estás haciendo prácticamente nada? «Redención» lo has dejado parado, de eso que tanta gracia te hacía de «La hipocondria presenta: Tenemos nuevos vecinos» para contar todas tus andanzas médicas no se ha vuelto a saber, la web de «Jirones en el tintero» también la tienes parada, ni siquiera estás leyendo más… Y ahora, encima, te metes a rediseñar esta web. ¿Cómo quieres terminar algo en tu vida, si cuando empiezas a avanzar con alguna cosa terminas apartándola para dedicarte a otra que se te pasa por delante de las narices? Eres como los gatos y los puntos de luz.
—¡Miau!
—Ya, pero tengo razón.
—Casi siempre la tienes. Pero eso es lo que hay. ¿Tengo que centrarme? Sí. ¿Lo hago? A duras penas. ¿Alguna vez terminaré algo en mi vida? Eso espero, pero mientras tanto, como tú dices, habrá que divertirse un poco, ¿no? Mira, en esta entrada, aprovechando que el Tajo pasa por Pisuerga, voy a probar el color de tu letra en la nueva La hipocondria (ChatGi y yo la hemos denominado «La hipocondria 2.6«). O sea, que vas a tener una tipografía y un color especiales sólo para ti. Para que se distinga perfectamente cuándo eres tú el que habla.
—Mira, algo exclusivamente mío. Por lo menos, ya que no tengo mi historia…
—La tendrás… en algún momento.
—¿Antes de que te vuelvas gagá con la edad?
—Es que eres de un inaguantable cuando te pones…
—No me hagas cantarte, ¿eh?
—Algún día lo mismo lo hago. Que ya sabes que me gusta experimentar cosas con las IA, aunque nunca les saque, ni les vaya a sacar, provecho.
—Ya, como todo entonces.
—No empecemos otra vez.
—Vaaaaaale. Bueno, te dejo. Voy a seguir dando vueltas por tu cerebro que, al menos, eso sí que puedo hacerlo.
—Es todo tuyo… salvo la parte de Redención, ya lo sabes, ¿eh?
—Sí, sí. No te preocupes. No pienso asomarme por ahí.
—Perfecto entonces. No te alejes mucho.
—Nunca lo hago. Por más que quiera, no me interesa.
—También tienes razón en eso. Y alguna vez tendrás el motivo. Prometido.
—En fin…
—¡Ah, la foto!

—Estamos pa comernos.
—¡Billyyyyy!
—Vaaaaale. Ya me callo.

Natalia says:
Pero que cosas vas bonitas!!!!
Carmen Mejias says:
Estáis geniales !!!!!