Un puzzle. Eso es lo que Beatriz Manjón nos ofrece con esta su ¿segunda? novela.

«Una vez fui bella» son piezas sueltas de un todo que se va componiendo con el paso de los capítulos. Primero nos ofrece las piezas de las esquinas; las que nos permiten delimitar el rompecabezas. Luego, conforme vamos avanzando en las historias, todo tiende a encajar, a tomar forma y sentido.

Con capítulos cortos, se nos van brindando pedazos de ese puzzle que el lector debe ir formando en su cabeza a cada episodio, con nueva información, más circunstancias, recuerdos del pasado de los protagonistas… Porque hay muchos protagonistas, cada cual con su lado oscuro, con sus traumas, sus miedos, sus obsesiones…

Beatriz nos sumerge en un mundo sórdido, sin pilares a los que agarrarse, donde lo que importa es aparentar belleza por encima de todo. Un mundo donde impera la tiranía de la imagen para unos personajes vacíos que buscan una piel tersa en colágenos, operaciones o tratamientos definitivos de juventud… Flota de forma muy plausible por toda la novela esa vacuidad de quien mide sus horas en selfis, no en minutos.

La autora sienta a sus personajes en el diván de nuestro escrutinio para que podamos sumergirnos en sus cerebros mientras vemos qué les ha llevado hasta el punto casi de rotura en el que los conocemos. Y los pasos subsiguientes que les llevarán al abismo. Porque todos los personajes están apunto de romperse ante nuestros ojos…


Por supuesto, no pueden faltar las frases chispeantes y tuneadas que tan bien remodela @Bemanjon dándoles un nuevo sentido. Aquí algún ejemplo, perfectamente acorde con el tema de fondo de la historia:


«Con la vida pendiente de un kilo».

«¡Hagan ego, señores!»

«El tiempo, todo locura.»

«Lo bueno, si bebes, dos veces bueno.»

No falta tampoco la crítica al medio televisivo, que tan bien conoce, y que no es más que una máquina de despellejar personas para entretenimiento de una audiencia, como dirían en la serie Studio 60 de Aaron Sorkin, «lobotomizada por la industria más influyente de este país, que ha preferido tirar la toalla antes que intentar hacer cualquier cosa que no pueda entender un niño de doce años; y no me estoy refiriendo a los más inteligentes, sino a los idiotas, de los que hay muchos gracias a esta cadena…»

Beatriz deja estas perlas refiriéndose a ciertos periodistas y medios de comunicación:

«- Mira, hay medios tan independientes que acaban por independizarse de la realidad.»

«El periodismo termina donde empiezan los favores, pero eso él ya lo sabía. No pensaba comprometer su puesto por una menudencia como la verdad.»

Cuando cierras el libro, la sensación es de que, en realidad, no ha pasado nada; que la historia es una historia hueca… Luego lo masticas todo y descubres que realmente la autora ha conseguido precisamente eso: que sólo veamos la cáscara de los personajes, esa parte de la que ellos mismos están más preocupados. Hemos estado navegando sobre la superficie, a pesar de que Beatriz nos retrata perfectamente lo interno de cada uno; hemos sido igualmente superficiales, o sea, parte del problema y no de la solución.

La hipocresía de la apariencia, el temor a que se descubra que nada en nosotros es natural a pesar de haber tratado de que lo pareciera por todos los medios… artificiales posibles. La mayoría de los protagonistas están más preocupados de su imagen que de su vida, porque su vida también es falsa. Es una vida de Instagram, de filtros, de retoques fotográficos, de fachadas. Policías, políticos, estrellas de la televisión… Hay toda una panoplia de personajes que van desfilando ante nuestros ojos, mostrándonos todas sus miserias de la forma más desnuda y procaz.

No, no es una distopía. Beatriz Manjón nos pinta un retrato mordaz de la sociedad que nos hemos construido, que nos estamos construyendo, y nos obliga, como sus personajes, a mirarnos al espejo comprobando si los tenemos iluminados a tres mil cuatrocientos grados kelvin de luces cálidas y frías.

«Una vez fui bella» parece una historia exagerada en todos y cada uno de sus planteamientos pero… ¿lo es realmente? Léelo y me lo cuentas.

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