La dictadura de los números

maniquíes sin talla
Maniquíes desechados

Hace un rato he leído, por encima, una noticia de alguien que había hecho una denuncia pública a una tienda de ropa porque, al parecer, engañaban a los clientes con las tallas. Al principio, y a bote pronto, pensé: “tiene razón. A ver si así, denunciando, les ponemos las pilas a estas tiendas que juegan con el tallaje de lo que venden para engañar a la gente“. Luego, pensándolo un poco más me he dicho: “a ver, una talla no es más que un número. Como la edad, o la estatura, o el de los autobuses públicos…

¿En serio es tan importante para algunos el tener una talla determinada? ¿Eres mejor persona por tener una talla 38 o una 54? ¿Te hace ser más atractiva usar un número concreto de pantalón o ser más guapo si te calzas una camisa con una numeración determinada en el cuello?

Maniquí vs mujer
¿Cuál es la talla normal?

Vas a una tienda a comprarte unos pantalones, te pruebas una talla 38 y no te cabe. ¿Montas en cólera contra el encargado porque tú tienes la completa seguridad de que entrabas en una 38 y esta no te pasa de los muslos? ¿Y si sales del probador y lo intentas con una 40? ¿Tan baja tenemos la autoestima para preocuparnos por un número que cambia según los fabricantes? ¿En serio vamos a una zapatería a probarnos un 39 y si nos queda pequeño, en lugar de probarnos un 40, pedimos la hoja de reclamaciones al zapatero porque nuestra horma tiene que ser la 39?

¿Quién marca que lo perfecto sea el número 38 y a partir de ahí es malo? ¿De verdad tenemos una sociedad tan superficial que nos importa con qué número los fabricantes de ropa marcan sus productos?

Ahora mismo, para mí, la talla perfecta es la 48, porque es la que me entra y con la que me siento cómodo. Cuando mis grasas y mi desidia me lo permitan, lo mismo será la 42 o la 44. ¿Es mejor una que otra? Simplemente son las que se adecúan a las circunstancias de cada momento.

Mujer
¿No es una modelo?

Si de repente las tiendas de ropa viesen que lo que más venden son tallas 42 o 44, seguramente empezaríamos a cambiar esta dictadura que nos imponen los maniquíes de los escaparates. Si en lugar de enfurruñarnos como niños pequeños porque queremos entrar en la 38 o la 36, nos convenciéramos de que nuestra talla es la perfecta para nosotros, sea la que sea (en serio, insisto: ¡¡¡es sólo un número!!!), empezaríamos un poco a destrozar de una puñetera vez esta maldita sociedad de la imagen que quiere decirnos quién es digno y quién no según unos cánones que marcan unos señores a los que les importan más sus cuentas corrientes que el que sus tallas sean más de muñequitos de acción que de personas de carne y hueso.

Es todo tan absurdo que a las modelos con una talla distinta a las que usan estos señores de mente enferma las llamamos “curvy“. ¿Por qué? ¿Y si las llamamos modelos, sin más?  ¿O por qué no llamamos a las otras “modelos ultraslim? ¿No estamos contribuyendo también nosotros a esta locura adoptando con toda naturalidad esta forma de denominar a la gente?

De verdad, son sólo números. No son tan importantes. Lo mismo por eso yo siempre he sido más de letras.