LA HIPOCONDRIA

La web de Juanma Suárez
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Halloween

Hay que admitirlo: estas pataletas de los «políticamente correctos» contra los americanos (los del norte) son, cuanto menos, patéticos intentos de ocultar la realidad: nos están conquistando; sino territorialmente, sí en cuanto a la cultura (o incultura, según los cánones en los que queramos movernos).

Llevan años mostrándonos sus costumbres y su forma de vivir en el cine, tanto que ya las vemos como normales. Poco a poco nos han ido metiendo en nuestras fiestas de Navidad a su orondo y particular «rey mago»; ese simpático, alegre y bonachón ser que sobrevuela el mundo en un trineo tirado por renos (de los que, gracias a Dios, aún no sabemos de memoria sus nombres, aunque veremos lo que tardan en mandarnos alguna forma de aprenderlos). Nos vendieron el árbol de Navidad (costumbre anglosajona nada española, por supuesto), y ahora ya han conseguido que la gente se disfrace en Halloween, esa fiesta en la que se «celebra» la noche de los muertos, extraña celebración por cierto; nosotros que celebrábamos la fiesta de los santos, algo más positivo y tranquilizador (al menos así lo creo yo). Lo siguiente será cambiar la cena de Nochebuena por la de Acción de Gracias… Eso es lo que hay. Para que luego salgan poniéndolos verdes los «políticamente correctos», mientras celebran su Halloween.

Creo que todavía podemos dar gracias al hecho de que no haya habido actores españoles que se hayan dedicado a la política, aunque visto lo visto…, ojalá al clan Bardem no se le pase por la cabeza…, por el bien de todos…

Un ataque de nostalgia

A veces me dan ataques de nostalgia, lo reconozco. Ayer estuve apunto de comprar en un quiosco el primer número de una colección de coches en miniatura. El primero era el coche de Pier Nodoiuna; sí, el malo malísimo de «Los Autos Locos»; el tramposo que siempre iba acompañado de su fiel perro y compinche: Patán.

¿Me estaré haciendo mayor? ¿O es que lo que hay ahora es tan cutre que no tenemos más que recordar estas series de antes? Mis amigos me dirán, seguro, que me estoy haciendo mayor…, pero tienen que reconocerme que haber crecido con ese tipo de dibujos y series de televisión nos han librado de muchas cosas… ¡Bendita nostalgia!

¿Soy borde?

Es posible que a veces diga cosas sin pensar en sus consecuencias, aunque las consecuencias sean estupideces. El problema es que te quedas con cara de idiota pensando qué habría pasado si en lugar de dar la respuesta que realmente das y piensas, hubieses respondido de forma más… «diplomática».

¿Comenzamos de nuevo?

Pues parece que ya hemos comenzado una nueva temporada en casi todo: fútbol, televisión, moda primavera-verano, Paramount Comedy… La verdad es que siempre es emocionante volver a empezar, aunque sea para luchar por los mismos sueños, las mismas metas y las mismas ambiciones que el curso anterior. Pero siempre empezamos con la sensación de que éste va a ser el año, seguro. ¿De qué? Ni idea, pero va a ser el año. Debe serlo. En realidad la frase «año nuevo, vida nueva» no es del todo cierta. Como diría un gran santo (sí, un santo; ellos también dicen frases. Las genialidades no son sólo coto cerrado de políticos, actores, poetas y gente de mal vivir, aunque quieran hacernos creer lo contrario), pues como dijo un gran santo, la frase correcta sería «año nuevo, lucha nueva». Esto es así, de manera que A POR ELLO…

…y ésto se acaba

En realidad no sé si decir «por fin» o «por desgracia». Y este verano casi no puedo quejarme, la verdad; pero el hombre es un animal insatisfecho por naturaleza: siempre estamos quejándonos. Al menos, en lo que respecta a mi, se acabó el sentirse como un Pin y Pon en una convención de G.I.Joes cada vez que salía a la playa. Se ha puesto de moda el tener un cuerpo 10, como Bo Derek, pero sin su encanto. Está claro que los gimnasios hacen su agosto en enero para que en agosto algunos deseemos que llegue enero… En fin, es lo que tiene ser un poquitín envidioso…

¡¡¡Por fin!!!

Hoy creo que puedo decir que, por fin, doy por terminado el «diseño» de esta página (de su casi totalidad, al menos. Siempre hay pequeños retoques). Hoy la cuelgo en internet, fundamentalmente para verla yo, que soy casi su único visitante. Espero que algún día haya alguien igual de aburrido para visitarla de vez en cuando.

¿Ocurriario?

Alguien puede preguntarse el por qué de este nombre extraño: bueno, siempre me ha gustado creer que puedo inventar palabras (la facilidad con la que logro engañarme a mi mismo a veces me asusta), y esta es una de ellas. Sabía perfectamente que ésto no iba a ser un diario estrictamente, porque también estaba seguro de que no iba a escribir en él todos los días. Así que porqué no fundir la palabra diario con la idea de «cuando se me ocurra algo». Seguramente así nacieron sacacorchos, puntapié, tocadiscos, cuentagotas…