Operación biquini

Esta entrada es una forma de respuesta a esta de mi amigo Tappy en su web.

Recuerdo, por mi parte, cuando conocí a Tappy, allá por el año… 2003. Fue un día de julio, exactamente el día 3, cuando comencé a hablar más con un tipo gordito, más bajo que yo, y que hacía humor.

Por aquella época yo era, lo que muchos llamaban, un tirillas. Un canijo con pinta de enfermo. A muchos les puede resultar extraño esto que voy a decir, pero por aquellos años, lo que más quería en este mundo era engordar. Mi sueño era poder hacer deporte sin correr el riesgo de perder hasta la sombra por quedarme más delgado aún de lo que ya estaba.

Y lo intentaba: comía a todas horas, me hartaba de dulces, de frutos secos, de bebidas azucaradas, hamburguesa cada vez que me lo permitía mi economía, dejé de hacer kilómetros en bicicleta (cosa que me encantaba, por cierto)… pero nada.

Y de repente, un día, sin previo aviso, algo cambió en mi organismo (el pelo ya había empezado a perderlo) y comencé a ganar peso . Los dos años siguientes me emocionaba mirarme al espejo y ver que mis angulosas facciones se redondeaban suavemente (una forma fina de decir que estaba engordando). ¿Cuál fue el problema? El punto de no retorno. En lugar de parar en su momento justo, mi cuerpo parecía no haberse dado por enterado, y seguía acumulando grasas, y más grasas, y más grasas, y más grasas, y más… vale, ya paro.

Hasta hoy. Varias veces he tomado la decisión de adelgazar, no de ponerme a dieta. Me gusta comer. Cuidar un poco lo que como, cuándo lo como y en cuánta cantidad lo como. Y hacer algo de deporte, que es algo que abandoné casi a la misma vez que decidí ponerme a engordar como fuese.

Y en esas estamos. La semana pasada, hablando con Tappy, decidimos empezar la «operación biquini» juntos. Queremos poder acabarla con éxito. Yo, por mi parte, reconozco que aún no he empezado en serio, pero es una meta a conseguir. No puede ser que, al ir a comprar ropa, salga con ganas de matar a Emidio Tucci, a Ralph Laurent o al señor Angelo Litrico.

Ese fue el motivo por el que, en Reyes, este año, pedí un MP3 que pudiese engancharme en la ropa para salir a correr. MP3 que, por cierto, aún no he llenado de canciones. Y supongo que ha llegado el momento. Todo sea por poder volverme a poner algunas camisetas y pantalones que acumulo en mi ropero y que se ríen de mí cada vez que abro sus puertas.

Algunos dirán «y por tu salud». Bueno, eso es secundario. ¿Quién quiere estar sano pudiendo estar esbelto? ¿O no?