Sintra. Mis tres días lejos de la realidad.

Día 2

Sintra es un sitio para perderse, desconectar de todo, sumergirse en leyendas, historias, paisajes, rincones ocultos…

Palacio da PenaEl segundo día me decidí, erróneamente, a seguir aquella guía sobre la que escribí ayer: «Sintra en 24 horas». No conté con mi facilidad para perderme en sitios desconocidos (vale, en los conocidos también), dar vueltas infinitas con el coche buscando aparcamiento en algún lugar donde no hubiese «zona azul» y que quedase relativamente cerca de los lugares que pretendía visitar, mi afán por ir a los sitios sin mapas, simplemente guiándome por los carteles indicadores de la ciudad… El caso es que lo que empezó relativamente temprano por la mañana, acabó convirtiéndose en un paseo muy largo por zonas que no conducían a donde quería llegar… Y, por supuesto, de subir y subir y subir cuestas y escaleras. Por suerte, mi primer destino estaba en alto, así que el ir subiendo acabó llevándome al primer lugar en cuestión: el Palacio da Pena.

Por el camino me fui encontrando algunas de esas cosas que me encantan: parques con muchos árboles, paisajes y casas abandonadas… También algunos rincones con historia, como la casa que ocupó Hans Christian Andersen en su viaje a Portugal en 1866.

 Pero mi camino hacia el Palacio da Pena fue muy largo. Caminando por calles empinadas, justo a la derecha de la casa de Hans Christian Andersen, una calle de adoquines casi vertical, mostraba un cartel que indicaba el camino a seguir. El resumen: hacia arriba, siempre hacia arriba. Por suerte era un camino que seguía la antigua muralla de la ciudad, con lo cual, mientras mi cuerpo sudaba a mares a pesar de que el día era bastante frío y nublado, mis ojos no hacían más que perderse en los mil y un rincones que llamaban la atención a mi cerebro para que los fotografiase. ¿He hablado de mi obsesión por los castillos, por muy en ruínas que estén? Pues eso.

Y después de mucho subir y subir (es increíble la de escalones de piedra y rampas que el ser humano es capaz de poner juntos. Que siempre me he preguntado: ¿qué trabajo les costaba poner todos los escalones del mismo tamaño? Pues no: unos te llegan por el tobillo y otros por la rodilla. Por suerte uno no está en forma, pero algo de su antigua resistencia juvenil sí que conserva…), y después de mucho subir y subir, decía, conseguí llegar a mi destino: el Palacio da Pena, una construcción cuya arquitectura, mezcla de estilos y corrientes estéticas, resulta única en el mundo (lo he copiado de una web, por supuesto. De esta: Guía Nómada de Lisboa)

Al entrar, otro jardín, con árboles de muchas partes del mundo traídos expresamente para el palacio. Por supuesto, hay que atravesarlo para llegar a él. Y desde ahí, a lo lejos, también podía ver mi segundo destino: el Castelo dos Mouros.

Y tras andar no recuerdo cuántas horas, perderme tampoco recuerdo cuántas veces, subir escalones, cuestas, torcerme el tobillo, ser atacado a traición por una oruga (la de la foto), sudar como si no lo hubiese hecho nunca… llegué a mi primer destino: el Palacio da Pena. Una construcción de ensueño, multicolor (sí, como el país de la abeja Maya), construído como regalo de un rey enamorado, Fernando II, para su esposa, María II de Portugal. Sinceramente, para mí, la historia pasa a un segundo plano en cuanto entras al palacio. La sensación de estar en un sitio fuera de la realidad te rodea por todos lados. Hay millones de matices, de detalles… Imposible poder descubrirlos todos en una sola visita. Y menos si, según la guía a la que tanto me he referido, nos dice que toda esa fantasía se ve en una hora. En mi caso perdí la noción del tiempo. Solo recuerdo que salí cuando estaba cerca la hora del cierre, sobre las 19’00 horas, creo. Y puedo asegurar que unas pocas fotos no hacen, en absoluto, justicia a esta maravilla.

Por supuesto, el palacio también se podía visitar por dentro, donde se conservan aposentos, habitaciones y utensilios de la época, tanto de uso personal como mobiliario. Claro que para cuando me dispuse a ver el interior, la batería de la cámara ya había muerto, con lo que las fotos las hice con el móvil, que también dijo en un momento dado que no podía más y se apagó. Es que a veces puedo ser muy pesao…

Y estas son algunas de las fotos de mi primer día en uno de los monumentos de Sintra. Por supuesto me olvidé por completo de la web de las 24 horas. En mi caso estaba claro que iba a ir a monumento por día, con lo que me dejaría algunos en el tintero. Eso sí, aparte de reafirmarme en que tengo que volver, también tenía claro qué otras dos visitas quería hacer. Pero, por el momento, lo dejaré para mañana.