Otro año más…

2016c…y van ya bastantes.

Sé que toca hacer balance del año que se consume lentamente como un trozo de mantequilla a fuego lento, pero hace años que mi memoria dejó de recordar demasiadas fechas o eventos de mi vida. No porque me falle, sino porque decidí dejar de ejercitarla. Tal vez sea un error que debería remediar…, o tal vez no. No lo sé. El caso es que estamos aquí, a las puertas de otro nuevo año, por fin par, que ha tardado justo 365 días en llegar. Si el tiempo ha sido largo o corto ya depende, como dice el aforismo, del lado de la puerta en el que estés del baño.

Si le pido a mi memoria que me recuerde lo más importante para mí en estos doce meses, lo que me ha dejado más huella, lo primero que me viene a la cabeza es la certeza de que tengo dos nuevas amigas en el Cielo. Y sí, he escrito la palabra «certeza«. Supongo que será difícil de entender, pero jamás he pretendido que nadie entienda mis sentimientos. Solo son míos, personales.

2016bLuego, por supuesto, hay muchas risas, muchos buenos momentos, gente nueva que se cruza en el camino y te regala un poquito de su luz, gente que aparece desde los camerinos del tiempo para actuar de nuevo contigo, gente que ya estaba y se mantiene ahí como un pequeño faro marcando los bordes del camino… Por supuesto hay, (los habrá habido, pero no los recuerdo), momentos malos, de desánimo, de desgana, de querer abandonar y tirar la toalla…, pero la vida es obstinada y sabes que siempre hay un nuevo sol al final de cada noche. Por eso necesitamos el dolor, la tristeza, la amargura, la oscuridad; para poder vislumbrar y distinguir mejor la alegría, la luz, la felicidad… La vida es un juego de contrastes, y somos tan imperfectos que necesitamos sentir la oscuridad para saber distinguir la luz. ¡¡Y qué hermosa es la luz cuando has estado a oscuras!!

Los propósitos, mis propósitos, me los guardo, como siempre, para mí. Pero los hay. Mis deseos de felicidad, de amor, de salud, de todo lo mejor están siempre presentes para la gente que me conoce y para los que conozco. Son deseos sencillos, así que, en las vísperas de este 2016, voy a deserle exactamente lo mismo a esa gente que pueda llegar a odiarme, a considerarme su enemigo, a quien me desee justo lo contrario, a cualquiera que pueda estar, o esté en un futuro, resentido conmigo… A vosotros, sinceramente, también os deseo todo lo mejor.

¿Volvemos a coger carrerilla? ¡¡Bienvenido, entonces…

2016

¡¡FELIZ NAVIDAD!!

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La Navidad, para quien cree en ella, tiene un significado más allá de las luces, los regalos y los buenos sentimientos; es la señal de que Alguien se preocupaba tanto de los que estábamos aquí abajo, que quiso indicarnos el camino haciéndolo Él mismo.

Para los que no creáis, felices fiestas. Que las paséis junto a los que os quieren y queréis, y que estos días de luz os dejen, sobre todo, mucha felicidad.

Para los que sí creéis, que todas esas esperanzas que pongáis a los pies del Niño Jesús en el pesebre se cumplan.

Para todos: ¡¡FELIZ NAVIDAD!!

Contar hasta diez…

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«Calla siempre cuando sientas dentro de ti el bullir de la indignación. Y ésto, aunque estés justísimamente airado.
Porque, a pesar de tu discreción, en esos instantes siempre dices más de lo que quisieras.»

Lo decía un gran santo del siglo XX; uno que sabía de lo que hablaba. Y a mí se me olvida muchas veces.

Estos días, después de los execrables hechos de París, he estado leyendo demasiado. Demasiadas opiniones, demasiados comentarios, demasiados sapos y culebras lanzados a diestro y siniestro por odiadores profesionales, demagogos de taberna, gente simplemente cabreada, o asustada, o todo a la vez…

Uno ya tiene una edad (gracias a Dios, porque si tuviera dos me preocuparía bastante) y, a pesar de cada vez ser más tolerante con casi todo y casi todos, también me encuentro con que soy más irritable, más iracundo, más vehemente cuando defiendo mis opiniones…

…y a veces meto la pata o digo «más de lo que quisiera», o de peor forma de lo que debería.

Se me ha pasado por la cabeza, bastantes veces, dejar de opinar; guardarme mis consideraciones para mí solo. Otras veces, en esos estados de vehemencia que me poseen de vez en cuando, he pensado exactamente lo contrario: contestar a todas y cada una de las cosas que me molestan o me resultan insultantes para con mis ideas, mis principios o mis creencias. Supongo que, como dice el aforismo, «in medio virtus», en el centro está la virtud,  así que trataré de seguir esa máxima. Antes de escribir algo estando enfadado o molesto, trataré de hacer lo que dice el título de esta entrada: contar hasta diez.

Para acabar, qué mejor que otra frase del mismo santo con que abro la entrada:

«Hacer crítica, destruir, no es difícil: el último peón de albañilería sabe hincar su herramienta en la piedra noble y bella de una catedral.
Contruír: ésta es la labor que requiere maestros».

Conversaciones de «runner»

angelodemonioHace algunos meses que salgo a correr de vez en cuando (los modernos ahora le llaman running, como si así fuese algo más espectacular. Aunque sigan sudando, lesionándose, o perdiendo peso de la misma forma que antes; pero hacer running es más guay que salir a correr un rato), y hay algunas conversaciones interesantes al cruzarte con según qué otra persona que también esté corriendo:

Si es un cachas con camiseta de tirantas, enseñando músculo:

– Fíjate en ése. Ya sabemos que estás fuerte. ¿Tienes que ir enseñando «musculito»? (dicho en tono bastante peyorativo).

– Si el chaval tiene músculos, ¿qué quieres que haga?

– Pues que se ponga una camiseta normal, como todo el mundo.

– Recuerda que tú, a principios de verano, estuviste mirando camisetas de tirantas para salir a correr.

– Ya. Pero no es lo mismo…

– ¿Por qué no es lo mismo?

– (…)

Si es una gordita o un gordito que, más que correr, va andando:

corredorgordito– Pues sí que está haciendo ejercicio éste (o ésta, dependiendo del sexo de la persona a machacar).

– Está andando. Es un buen ejercicio.

– Ya, pero así no va a perder ni suelas de los botines.

– ¿Y sabes cuánto tiempo lleva haciendo éso? Lo mismo lleva aquí más tiempo que tú.

– Pues no se le nota nada.

– A lo mejor dentro de unos meses aguanta más que tú corriendo que, dicho sea de paso, tampoco es que vayas muy rápido.

– Pero dentro de un tiempo iré progresando, aguantando más y yendo más rápido, seguro.

– Pues eso.

Si es una pareja que va andando a paso rápido:

corredorpareja– Vienen a hacer deporte. Ya.

– ¿Tú empiezas corriendo directamente?

– No. Yo empiezo andando, pero voy solo, no hablando con nadie.

– ¿Eso es envidia o qué?

– No. A mí me gusta correr solo.

– Ellos prefieren correr acompañados… o andar rápido mientras hablan y se acompañan. ¿Qué más da?

– No, si pueden hacer lo que quieran.

– Eso es lo que hacen.

Si es alguien que va corriendo mucho más lento y es adelantado:

– Anda que vaya ritmo que lleva.

– Exactamente el mismo que llevabas tú cuando empezaste. Incluso puede que un poco más.

corredorcaracol

…y así mil conversaciones que suelo escuchar las mañanas en las que salgo a correr… ¡¡¡en mi cabeza!!!

Sí. El que critica y el que defiende soy yo mismo, y prometo que esas conversaciones que mantengo son absolutamente reales.

Por un lado me ayudan a olvidarme un poco de mi cansancio, pero, por otro, me recuerdan que tengo una parte envidiosa, malévola, irrespetuosa y que piensa que soy mejor que alguien a quien en absoluto conozco. Y es así como somos en realidad. ¿Y qué podemos sacar de esto? Pues es fácil: que si tratáramos de ponernos en el pellejo del otro, probablemente nos dolería cuando lo despellejásemos; que cada cual tiene sus circunstancias y sus motivos, y que «como juzguéis, seréis juzgados«.

Quizás seríamos mejores personas si fuésemos capaces de ver en los otros más la parte positiva que lo que no nos gusta de ellos; si en vez de criticar sin conocer, al menos, buscáramos antes los motivos de cada uno…

Y esto lo he aprendido haciendo deporte. ¿Qué otra cosa he aprendido haciendo deporte? Que estoy totalmente oxidado y hecho polvo, pero eso es otra historia totalmente distinta a la que espero irle poniendo remedio poco a poco.

Sintra. Mis tres días lejos de la realidad.

Día 4. De vuelta

Para mi día de vuelta a la realidad dejé la Quinta da Regaleira, la casa de un acaudalado mercante portugués llena de rincones fantásticos, grutas laberínticas (es recomendable llevarse una linterna para no quedarse totalmente a oscuras en mitad de algún agujero cavado en el suelo), construcciones, lagos, caminos, estatuas… Un lugar en el que dejar pasar el tiempo, porque pasa sin que te des cuenta. Por si sirve de guía, en mi caso, entré a las 12’30 de la mañana y salí de allí a las 17´45 de la tarde. También es verdad que, como ya he dicho en alguna otra ocasión, yo soy de los que , en estos sitios, se deja perder e inundar por las sensaciones del lugar. Y es algo que recomiendo en la Quinta da Regaleira.

Las fotos que hay aquí debajo son solo una pequeñísima muestra de lo que se puede ver allí, porque hay mucho que ver. Muchísimo.

…y después de salir de aquel sitio en el que no existe el tiempo, de vuelta a casa. Tres días cortos, muy cortos, donde he podido desconectar, disfrutar, andar mucho, trasladarme a tiempos pasados, visitar sitios de ensueño… Sintra tiene mucho que ver. Necesitaré volver de nuevo para ir a los sitios que se me quedaron pendientes esta vez, y son unos cuantos, pero los tengo anotados, así que, como dijo Ángela Chaning: «volveré«.