Roberto Terán

Conozco a Roberto desde hace muchos años. Teníamos, por aquella época, los dos, pelo incluso. Si intento recordar cómo fue mi primera impresión o el primer momento en que le presté atención me es imposible, pero tengo imágenes, flashes, sensaciones de muchos momentos vividos con él.

Recuerdo esos recitales, de nuestros propios poemas, en el instituto, en bares, en el Casino de la Exposición…; recuerdo esas largas charlas poéticas, por las tardes, cuando me decía que yo era un «poeta rosa» y yo le respondía que él lo era «gris oscuro«; recuerdo ese sentarnos en el bar del instituto, antiguos alumnos ya, pidiendo «limosna» a los profesores para poder tomar cervezas que luego ellos compartían con nosotros (sí, cuando los alumnos y los profesores podíamos ser amigos, compañeros, colegas… sin faltar ninguno al respeto del otro); recuerdo esos versos compartidos, esos textos que pretendíamos que fuesen poéticos, ese querer ser poeta por encima de todas las cosas…

Roberto y yo somos lo más antagónico del mundo en cuanto a ideas, formas de ver el mundo, los problemas, la vida en sí misma…, pero siempre, quiero pensar que es recíproco, he sentido por él un gran respeto, un gran cariño, una gran admiración… y no tiene por qué ser en ese orden.

Desde la lejanía siempre he tratado de seguir, a veces sin mucho éxito, todos sus pasos. Y si no eran sus pasos, buscaba sus pistas, su rastro… Podemos llevarnos años sin vernos, sin hablar, pero la sensación cuando nos encontramos es de que seguimos como en el instituto, con algunos años más en los ojos y muchos recuerdos más en las espaldas, pero con las mismas inquietudes, aunque puedan estar algo difuminadas por la vida misma.

…y de repente tengo en mis manos su primer libro de poemas. Y me siento feliz cuando veo su foto en la contraportada, cuando huelo el libro al abrirlo la primera vez, cuando leo los versos que hay pintados en él…, porque reconozco a Roberto ahí, en sus letras porque, como él mismo dice «Estos que acaban de leer soy yo y mis antecedentes«. Y sé que he formado parte, aunque sea mínima, en esos antecedentes.