LA HIPOCONDRIA

La web de Juanma Suárez
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Etiqueta: libros

Una vez fui (lo que ellos consideran) bella

Un puzzle. Eso es lo que Beatriz Manjón nos ofrece con esta su ¿segunda? novela.

«Una vez fui bella» son piezas sueltas de un todo que se va componiendo con el paso de los capítulos. Primero nos ofrece las piezas de las esquinas; las que nos permiten delimitar el rompecabezas. Luego, conforme vamos avanzando en las historias, todo tiende a encajar, a tomar forma y sentido.

Con capítulos cortos, se nos van brindando pedazos de ese puzzle que el lector debe ir formando en su cabeza a cada episodio, con nueva información, más circunstancias, recuerdos del pasado de los protagonistas… Porque hay muchos protagonistas, cada cual con su lado oscuro, con sus traumas, sus miedos, sus obsesiones…

Beatriz nos sumerge en un mundo sórdido, sin pilares a los que agarrarse, donde lo que importa es aparentar belleza por encima de todo. Un mundo donde impera la tiranía de la imagen para unos personajes vacíos que buscan una piel tersa en colágenos, operaciones o tratamientos definitivos de juventud… Flota de forma muy plausible por toda la novela esa vacuidad de quien mide sus horas en selfis, no en minutos.

La autora sienta a sus personajes en el diván de nuestro escrutinio para que podamos sumergirnos en sus cerebros mientras vemos qué les ha llevado hasta el punto casi de rotura en el que los conocemos. Y los pasos subsiguientes que les llevarán al abismo. Porque todos los personajes están apunto de romperse ante nuestros ojos…


Por supuesto, no pueden faltar las frases chispeantes y tuneadas que tan bien remodela @Bemanjon dándoles un nuevo sentido. Aquí algún ejemplo, perfectamente acorde con el tema de fondo de la historia:


«Con la vida pendiente de un kilo».

«¡Hagan ego, señores!»

«El tiempo, todo locura.»

«Lo bueno, si bebes, dos veces bueno.»

No falta tampoco la crítica al medio televisivo, que tan bien conoce, y que no es más que una máquina de despellejar personas para entretenimiento de una audiencia, como dirían en la serie Studio 60 de Aaron Sorkin, «lobotomizada por la industria más influyente de este país, que ha preferido tirar la toalla antes que intentar hacer cualquier cosa que no pueda entender un niño de doce años; y no me estoy refiriendo a los más inteligentes, sino a los idiotas, de los que hay muchos gracias a esta cadena…»

Beatriz deja estas perlas refiriéndose a ciertos periodistas y medios de comunicación:

«- Mira, hay medios tan independientes que acaban por independizarse de la realidad.»

«El periodismo termina donde empiezan los favores, pero eso él ya lo sabía. No pensaba comprometer su puesto por una menudencia como la verdad.»

Cuando cierras el libro, la sensación es de que, en realidad, no ha pasado nada; que la historia es una historia hueca… Luego lo masticas todo y descubres que realmente la autora ha conseguido precisamente eso: que sólo veamos la cáscara de los personajes, esa parte de la que ellos mismos están más preocupados. Hemos estado navegando sobre la superficie, a pesar de que Beatriz nos retrata perfectamente lo interno de cada uno; hemos sido igualmente superficiales, o sea, parte del problema y no de la solución.

La hipocresía de la apariencia, el temor a que se descubra que nada en nosotros es natural a pesar de haber tratado de que lo pareciera por todos los medios… artificiales posibles. La mayoría de los protagonistas están más preocupados de su imagen que de su vida, porque su vida también es falsa. Es una vida de Instagram, de filtros, de retoques fotográficos, de fachadas. Policías, políticos, estrellas de la televisión… Hay toda una panoplia de personajes que van desfilando ante nuestros ojos, mostrándonos todas sus miserias de la forma más desnuda y procaz.

No, no es una distopía. Beatriz Manjón nos pinta un retrato mordaz de la sociedad que nos hemos construido, que nos estamos construyendo, y nos obliga, como sus personajes, a mirarnos al espejo comprobando si los tenemos iluminados a tres mil cuatrocientos grados kelvin de luces cálidas y frías.

«Una vez fui bella» parece una historia exagerada en todos y cada uno de sus planteamientos pero… ¿lo es realmente? Léelo y me lo cuentas.

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…y agosto va avanzando

Agosto va avanzando poco a poco, con sus días de calor sofocante, sus días nublados, sus noches de no poder dormir por las altas temperaturas o las de tenerte que tapar con la sábana… y aquí andamos, pasándolo todo.

Parece que estoy consiguiendo correr más de lo que lo hacía últimamente, así que la «operación biquini» también está activa, de momento. Mi amigo Pablo G. Bermudo, que en los últimos años se ha convertido en un corredor de pruebas habitual, me dejó este mensaje en Facebook después de mi anterior entrada sobre «La carrera nocturna del Guadalquivir» de este año, a la que ya me he apuntado, por cierto:

De momento no voy a decir qué me he propuesto, pero la propuesta de Pablo no anda muy desencaminada. Ya veremos…

En cuanto a otras cosas, por fin he terminado de leer «Invade me», y ahora ando inmerso en un libro pequeñito del escritor brasileño José Mauro de Vasconcelos: «Mi planta de naranja lima», que es pura poesía. Yo, que no soy especialista de nada, puedo permitirme el lujo de decir que a mí, personalmente, me recuerda mucho, en cuanto a la forma, a los libros de el pequeño Nicolás, pero este es más para lectores de poesía, porque es delicado, profundo y a la vez suave; es una lectura que te atrapa y deja poso. Muy recomendable.

Cambiando de tema, estos días estoy llegando a la conclusión de que me estoy haciendo viejo. No digo mayor, que eso lo hacemos todos, sino viejo. Porque ahora empiezo a mirar la sociedad con cierto desasosiego; porque veo un precipicio delante hacia el que nos encaminamos irremisiblemente, y la gente de mi generación es la que va abriendo camino; encima con pancartas, banderolas y eslóganes, llamando a más gente para que se una. Y de repente me encuentro escribiendo cosas en los muros de amigos que, según me dicen, suenan a insulto, o a falta de respeto; y no lo sé ver o detectar… Y, por supuesto, tengo que pedir perdón. Aunque eso no signifique que cambie mi forma de pensar sobre el tema que sea; solo que, tal vez, no fui capaz de expresarme con algo más de claridad y menos rabia.

Lo escribí hace algún tiempo parafraseando a alguien, y lo sigo manteniendo: «que tolere tu opinión no significa que la acepte o la comparta». También me propuse, hace algunos meses, no escribir en los muros ni las redes sociales de nadie mis opiniones; lo haré en las mías, para no ofender o faltar al respeto sin darme cuenta. Tendré que procurar llevarlo a cabo más a rajatabla.

Por cierto, una recomendación: «Nicky, la aprendiz de bruja«, una joyita de Miyazaki que descubrí hace un par de días. Una peli donde todo el mundo sonríe, es buena persona y hay auténticas obras de arte en todas y cada una de las escenas. Y sí, es animación.

Seguiré recomendando cosas conforme las vaya descubriendo o recuperando, por si a alguien le sirve de algo. ¿Seguimos con agosto?

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Nostalgias

Hace un par de sábados mi amiga Marta G. Navarro me invitó a su programa de radio «El desguace», en Neo FM, porque tenemos un amigo común, David J. Calzado, poeta, que presentaba su nuevo poemario, «Malas artes».

Definición visual de nostalgia

Como hacía tiempo que no veía a David, le pregunté a Marta si podía auto invitarme a escuchar el programa en directo, a lo que ella me contestó con un «vente y hablamos de la época del instituto», que fue donde los tres coincidimos. Y allí que me fui, con algunos recuerdos y los nervios de quien respeta mucho a la gente que hace radio.

…y allí surgió el concepto de nostalgia. Y acordamos que la nostalgia era como ese mueble con muchos cajones del que, de vez en cuando, sacamos cosas de nuestro pasado. Cajones con papeles, muñecos, fotos, escritos, carpetas… Cajones que a veces nos sorprenden a nosotros mismos, y nos transportan a otros momentos de nuestras vidas, a otras circunstancias, a otros lugares.

También convenimos que, conforme cumplimos años, aprendemos  a diferenciar qué cajones preferimos o no abrir, y a seleccionar los momentos que nos apetece o no sacar de ellos. Esos momentos en los que los recuerdos son suaves, agradables, sencillos, divertidos…, o simplemente nos recuerdan que en algún instante fuimos otros, de camino a lo que somos hoy. En palabras de David: «cuando fuimos orilla».

Tal vez sea eso la nostalgia: la orilla del mar de cada uno, donde las olas van depositando los restos de los distintos naufragios de nuestra vida. Los restos de naufragios incruentos.

…por tanta poesía destilada

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Orgullo y prejuicio

Después de mucho tiempo pensándolo, hoy, por fin, me he decidido a hacer una lista con todos (o casi) los libros que tengo. Como me encanta ir a las librerías a mirar (igual que la gente va a El Corte Inglés a pasear y ver ropa o perfumes y colonias), y a veces algunas ediciones me llaman la atención, resulta que tengo algunos títulos repetidos. Pero no era eso el motivo de esta entrada.

orgulloyprejuicioEl motivo real es que, de repente, me he dado cuenta de que en esas estanterías donde conviven obras de Shakespeare, Cervantes, Cernuda, Gil de Biedma, Stephen King, Agatha Christie, Ana María Matute, Sempé y Gosciny, Juan Rulfo, Borges, García Márquez…, en medio de esas estanterías, también tengo libros de amigos. Gente con la que he convivivdo muchos años, y con la que aún mantengo contacto: Jesús Beades, María Iglesias, Paco Cifuentes, Roberto Terán, Lara Moreno, Abel Feu, Pablo Moreno … ahora, en la parte cómica, se ha unido Tappy

Y me ha dado por pensar que he formado, que formo, parte de una generación bastante creativa. De ahí el «orgullo» del título.

¿Y el «prejuicio»? Pues también he pensado en la generación actual. Esa generación de gente que se dice poeta y escribe con faltas de ortografía. La de la inmediatez, la de las redes sociales y la vista pegada al móvil. La generación de los Gemeliers, los Justin Bieber y las Miley «Hannah Montana» Cyrus. La generación que ha perdido el respeto por los mayores, por los maestros, por la autoridad. La generación que ha crecido entre los algodones de todos los derechos y a los que les han esquilmado las espinas de las obligaciones… Por todo esto, y más, la palabra «prejuicio».

Pero un prejuicio generalizador suele ser, también, algo injusto, lo reconozco. Y, si lo pensamos, a la generación desnortada que tenemos ahora, la ha educado gente de mi generación; de esa generación creativa de la que me siento orgulloso. ¿Qué nos ha pasado en el camino? ¿Qué ha pasado en ese cambio generacional? ¿Qué se nos ha olvidado de lo que aprendimos? ¿Por qué no hemos sido capaces de transmitir lo que éramos a los que ahora son? Tal vez la grandeza de una generación es herencia de la anterior, al igual que el descalabro de otra pueda deberse al fracaso de la precedente. Es para pensarlo, ¿no?

Aún así, me siento orgulloso del tiempo al que pertenezco y de los momentos a los que he pertenecido.

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¿Dónde está el verano?

Hoy es 1 de agosto. Para muchos comienzan las vacaciones y se acabarán, supongo, para los más «madrugadores».

En mi cuarto, el ventilador del techo está apagado. Esta noche he dormido tapado con una sábana.

No recuerdo la temperatura que hace de un verano a otro, pero estoy seguro de que el del año pasado hizo más calor, frioveranoy que el año que viene los termómetros marcarán más grados.

¿Será verdad lo del cambio climático? ¿Estaremos siendo capaces de acabar con los ciclos normales de todo un planeta? ¿En serio somos tan poderosos? ¿Tan peligrosamente poderosos? ¿Tan poderosamente peligrosos?

Siendo un poco egoísta, ¿qué queréis que os diga? Prefiero que el verano se retrase un poco, porque mis vacaciones empiezan en septiembre. Apetece mucho pasear ahora mismo por Sevilla sin miedo a derretirte de calor y con tan poca gente por las calles. Y cuando llegue el mes que viene, que haga todo el calor que no hace ahora, que yo estaré descansando, con varios libros, mucha música, folios en blanco y horas enteras para disfrutarlos.

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Quasi «nulla die»

Lo sé. Dije que trataría de escribir algo todos los días, pero como siempre, tengo que hacer acto de contricción porque no lo he cumplido. A ver si cojo carrerilla de nuevo…

El jueves de la semana pasada, gracias a mi amigo Javi Nemo, hice algo parecido a una especie de colaboración en el programa que conduce en la televisión del Sevilla F. C. Acabo de ver la redifusión y de verme en la tele. Como dice mi hermano, salgo más gordo, aunque, sinceramente, no mucho más…

Si tengo que decir la verdad, me ha dado vergüenza verme en pantalla…, pero creo que no quedó mal del todo para ser la primera vez. Ritmo es lo que falta…, y un poco de saber estar delante de la cámara, pero me ha gustado la experiencia, así que me gustaría agradecerle la oportunidad a Javi, que me ha abierto las puertas de su programa para que haga una tontería con la que nos hemos divertido y con la que tratamos de divertir al público. Espero que me deje seguir haciéndolo.

Esta semana, además, asistí, el lunes, a la presentación del libro de mi amiga María Iglesias, «Lazos de humo», y tengo que decir que me hizo muchísima ilusión ponerme en la cola para que me firmara mi ejemplar, saludarla y verla disfrutar con la presentación, rodeada de amigos, familiares y gente que lee de verdad.

Y el martes… ensayo con Los Q-3, EL GRUPO. Cada vez, hay que reconocerlo, sonamos… «menos peor» y hasta podría quedarnos un concierto bastante digno. Lo principal, y es lo que hacemos Tappy, Alberto y yo cada vez que nos reunimos para ensayar, es divertirse. Y estamos seguros los tres de que la gente se divertirá con nosotros el día del concierto que, por cierto, hemos fijado para el día 17 de diciembre, que es un día intermedio, además, entre mi cumpleaños (el día 12) y el de Tappy (el día 20).

Ahí queda dicho.

En cuanto a otras cosas…, bueno, las voy dejando en el tintero para tener de qué escribir mañana, y pasado, y el otro, y el otro, y… A ver cuánto dura de nuevo…

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Detenerse y…

Lo sé, tengo mi propia web abandonada, y mucho. Desde la última vez que escribí aquí han pasado muchas cosas, pero me quedo siempre sólo con las buenas. Las malas, al fin  al cabo, terminas por olvidarlas.

Me alegra mucho el poder asistir desde casi la primera fila a los éxitos y las consecuciones de los sueños de mis amigos.

María Iglesias, a la que conocí gracias a Paramount Comedy, ha conseguido sacar a la luz su primer libro, «Lazos de humo», que es lo que ando leyendo últimamente y lo que, definitivamente, me ha dado el empujoncito necesario para que yo me ponga en serio con mi proyecto literario sobre La tía Lula, mi hada particular.

Por otro lado Tappy está bastante cerca de dar una vuelta de tuerca, con un poco de suerte, en su carrera artística. No diré nada por ahora, para no gafarlo, pero estoy seguro de que saldrá bien.

Por lo demás, todo sigue sin muchos cambios, por eso he decidido retomar ésto hablando de otras personas de las que me alegro por sus éxitos.

Quiero ver si soy capaz de llevar a cabo algo: suelo entrar de vez en cuando en el blog de un cura de Bilbao (lo sé, ahora, muchos de los que leáis esto, pensaréis: «claaaaaro, ya me explico muchas cosas» , pero ya sabéis, también, que me da igual) que se llama «Pensar por libre» y que tiene un lema que él cumple: «Nulla die sine linea» que, para los que tenéis la desgracia de no haber podido estudiar latín, significa «Ningún día sin línea». O sea, que todos los días escribe algo…, y éso es lo que quiero tratar de hacer yo. ¿Lo conseguiré? Probablemente no, pero hay que ponerse metas altas para no quedarse pegado al suelo, ¿no? Pues éso.

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