Llamadas

robertoRecuerdo que hace algunos años escribí una entrada en la que contaba que, a pesar del poco caso que le hago a mí móvil, (cosa que algunos de mis amigos sufren con resignación), a veces es capaz de sorprenderme. Esta tarde ha sido una de ellas.

De repente lo oigo sonar, veo un número de móvil, sin identificar, y lo cojo.

Al otro lado una voz profunda me dice un «hola» potente y suave a la vez; como una roca de cantos redondeados. «¿Quién eres?» le contesto. Al otro lado una risa y un «soy yo»… Por supuesto, Roberto Terán. Y luego unos minutos de conversación; nada extraordinario.

Y sin embargo alguna vez he hablado también de trozos de cielo, de mis trozos de cielo; de esos trozos de cielo que se nos conceden como reflejo de otro horizonte más amplio y luminoso que el que tenemos aquí. Y esta llamada ha sido eso: otro de mis trozos de cielo. Porque a Roberto lo conozco desde hace mucho. Porque hemos compartido muchos momentos que para mí han sido luminosos, frescos, divertidos y, sobre todo, vitales por encima de cualquier otra cosa. Porque Roberto, a pesar de que podamos llevarnos años sin vernos ni hablar, es una de esas personas que siempre tengo presente. Porque somos antagónicos en muchas cosas y muy parecidos en otras. Porque, por encima de todo, existe ese cariño de años, regado por goteo, que no deja que la flor se seque.

Y sí, me ha alegrado la tarde, que era lo que yo quería decir.